jueves, 27 de septiembre de 2012

Mr. President





Dear Mr. President,

Ahora que está usted en los Estados Unidos de América podrá aprender muchas cosas nuevas, apreciar curiosidades que todos los que hemos visitado esas tierras de ultramar hemos tenido el gusto de apreciar y comparar, algo inevitable, la sociedad americana con la española. Costumbres, gastronomía, horarios y, bueno, qué decirle si es usted o debiera serlo un hombre de mundo, hacer todo aquello que uno hace cuando viaja, aparte de sacar fotos.


Habrá usted apreciado que en su ausencia las cosas se han puesto un poco tensas por aquí. No tiene contento a nadie, Mr. President. Están cabreados los ciudadanos, llamémosles, indignados, radicales, terroristas, como usted desee; y también están cabreados los policías. A nadie le gusta como han transcurrido los acontecimientos: a los ciudadanos que han salido estos días (y tantos otros) a la calle a expresar su cabreo les fastidian sus medidas, sus recortes, sus mentiras y, sobre todo, que se anteponga la voluntad de los mercados a la de ellos, la sociedad que forma parte del país que usted gobierna. A los policías les fastidia que los ciudadanos se les revelen en las manifas pero, lo que yo creo, entre usted y yo, es que lo que les jode es querer ponerse al otro lado y no tener huevos para hacerlo o saber que uno o dos que lo hagan pagarán caro por ello y los demás no les seguirán y, eso, Presi, es duro, muy duro.


A lo que iba yo, que me lío con detalles. Que las cosas están tensas y a mí no deja de sorprenderme aquí y allí, ahora y siempre, su actitud. Sí, su actitud. ¿Es que no va a darse nunca por aludido? ¿Es que va a seguir tomando a la gente por imbécil y va a seguir pretendiendo que nos creamos el cuento de que esta o aquella decisión la toman usted y su gobierno porque no queda otro remedio, porque la situación económica es muy penosa y todo ese rollo? ¿Piensa seguir esgrimiendo para siempre el argumento de la prima de riesgo y la deuda que les dejaron los anteriores para pertrechar macabros planes que no hacen sino acabar con las esperanzas de un pueblo muy desesperanzado ya, muy cansado ya, y muy pero que muy cabreado? Igual iba siendo hora ya de contarle la verdad a su pueblo, Mr President. Contarles que sus medidas son de corte ideológico y que su ideología usted no la tiene muy clara, como casi nada, pero la mayoría de nosotros sí la conocemos. Es usted de derechas. Ni de centro ni democristiano, ni gaitas; de derechas. Y la derecha, señor mío, normalmente suele tener la costumbre de gobernar a base de decretazo, de recortazo, por el artículo 33. Aborto, fuera, Iglesia dentro. Educación pública, fuera, educación clasista, dentro. Sanidad gratuita y universal, fuera, inmigrante…¡fuera también, que cuesta dinero! Y a llenar las arcas. Joder, es fácil, bajando los sueldos de los trabajadores públicos y eliminando las ayudas a la dependencia, a la maternidad, a la conciliación familiar y laboral o a la lucha contra el sida, el hambre y la violencia de género. A mí me salen las cuentas, President, y a usted también, por eso se fuma un purito mientras pasea por Broadway y por eso, cuando le preguntan acerca de las tensiones que se están produciendo, mientras arden las calles y el pueblo se revela. Mientras La Kirchner le saca los colores (y puede, eh, puede, porque su país, Argentina, ha juzgado y condenado a sus dictadores y, aunque solo sea por eso, yo la respeto y usted debería hacerlo igualmente). Por eso, mientras en el mundo entero habla de España y no precisamente como una marca prestigiosa y usted tiene la oportunidad de su vida para decir algo decente, coherente, mentira o verdad, no importa, algo…En ese preciso momento declara usted sus felicitaciones a la mayoría silenciosa, a la que se queda en su casa y no da la lata yo ya no sé si rendirme o revelarme ante semejante actitud. Acaba usted con mi paciencia, Mr President. La agota como nunca creí que se pudiera hacer, colma el vaso y la jarra. Mayoría silenciosa, dice, como dando por hecho que el que no estaba en las movilizaciones de Madrid es porque no está de acuerdo con ellas. Apelar a la mayoría silenciosa es un argumento viejo, oxidado, cutre y facha, es muy facha. Apelar a la mayoría silenciosa es quitarse el muerto de encima, es tomar a la sociedad por tonta y es dar por hechas cosas que usted ni se plantea que suceden alrededor de esa gente que usted dice gobernar y alabar.


Me despido ya, Señor Presidente. Que colma usted mi paciencia de maestra ya se lo he dicho, ¿no? Se lo recuerdo y, sin más motivo, me despido.

4 comentarios:

Ladrón de Guevara dijo...

LO que más me ha sorprendido de esta entrada es el reconocimiento a los policías, que si bien es motivo de investigación y sanción en la mayoría de las actuaciones que se produjeron el 25S, su papel en esta revolución se encuentra en un punto muy delicado: ¿En que momento ponerse del lado de su pueblo no les va a costar algo más que el empleo?

Seguimos luchando, sin duda, por que los políticos no secuestren nuestro futuro.

Cuídate.

Laura dijo...

No sé ni como me ha dado por ahí. Quizá el sueño de una revolución de los claveles a la española, no sé...Tenías que haber visto mi facebook personal de estos días. Arde en elogios, jajajaja.

Un abrazo.

Marcos dijo...

De acuerdo con todo lo dicho, aunque tengo mis dudas con lo de la policía. Pero desde luego que me gustaría que sucediera algo parecido a lo de nuestros vecinos los portugueses...

Boris dijo...

Nuestro presidente vive en una burbuja, creo que no ve o no quiere ver como esta España. La gente esta muy cabreada y se esta manifestando más de lo que cree, tan solo la gente cercana a su partido esta de acuerdo con las medidas que esta tomando, de todos los millones de votos que tuvo muchos ya reniegan y nunca le volverán a votar así que no cuenta con el respaldo del pueblo

Por cierto el 15-S estuve en la manifestación de Madrid y creo que al dar el número de manifestantes se quedan cortos, si se cuenta tan mal luego parece que es menos gente la que sale a la calle