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sábado, 16 de febrero de 2013

¡Ya está bien!

Hoy, por mi parte, un post muy breve pero muy contundente. He copiado la nota de prensa del sindicato de la enseñanza de Cantabria, Stec, del que quiero que conste que no soy afiliada. No tengo ningún interés especial en esta publicación por razones de afiliación, pero sí tengo interés en difundir esta nota de prensa que denuncia la situación  que afrontamos en los centros públicos de enseñanza en Cantabria. Cada vez menos dinero, cada vez, con más retrasos y recortes. Y no es pedir por pedir, es que somos un servicio público de nuestra comunidad que cubrimos el derecho fundamental de nuestros ciudadanos a recibir una enseñanza gratuita de calidad y digna. Estoy verdaderamente asqueada de la frase "No hay dinero" "Todos tenemos que hacer un esfuerzo" "Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades" No, señores de la política  ¡ya está bien! El esfuerzo lo tenemos que hacer siempre los mismos, el dinero va en partidas presupuestarias a centros e instituciones que deberían ser privados y, por lo tanto, que deberían autofinanciarse. Y que alguien me diga, por favor, si realmente se le ha pasado por la cabeza que hayamos educado, enseñado, ayudado a niños y niñas con riesgo de exclusión social, hecho sonreír a familias, contribuido que sean más felices y aportado nuestro granito de arena a construir en una sociedad más equitativa e igualitaria, por encima de nuestras posibilidades. Eso nunca. Nunca.

Merece la pena leer esta nota de prensa.

NOTA DE PRENSA

LA CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DISMINUYE UN 30% EL DINERO ASIGNADO AL FUNCIONAMIENTO DE LOS CENTROS DOCENTES PÚBLICOS

A pesar de los reiterados desmentidos, con los que los responsables del Departamento de Educación del Gobierno Regional han venido negando veracidad a las denuncias de un fuerte recorte en la partida que la Consejería de Educación destina al funcionamiento de los Colegios e Institutos Públicos, esta semana se ha confirmado lo que -tanto nuestro sindicato, como los propios Centros- temíamos: el recorte anunciado ronda el 30% de media, que se suma al que ya se aplicó el año pasado por un montante de entre un 10 y un 15 por ciento.

En efecto, estos últimos días los Centros Educativos de la Enseñanza Pública de nuestra región han recibido las comunicaciones provenientes de la Consejería, donde se les informa de la cantidad asignada para el presente curso. La disminución varía de un centro a otro, llegando a situarse -en algún caso- en un 40% menos que lo recibido el curso anterior, si bien la media de todos los centros, ronda el 30% de pérdida.

Hay que indicar, igualmente que este anuncio no viene acompañado de cantidad de dinero alguna, ni de ningún compromiso de pago en fecha concreta. Es decir, la Consejería sólo anuncia que va a pagar menos, pero no dice cuando lo hará. Hasta el momento, los Centros sólo han recibido una pequeña cantidad en el mes de diciembre que corresponde al 20% aproximadamente, de lo que se solía cobrar en octubre. Como ya sucedió el año pasado, la Consejería paga tarde y mal, lo que aboca a algunos Colegios a sufrir verdaderos problemas de liquidez.

Una vez más, contrasta esta austeridad aplicada a los Centros Públicos con la ligereza con la que se malgasta el dinero de otras partidas de la propia Consejería, aunque sea para poner en práctica caprichos personales del Consejero (el traslado de las oposiciones de Secundaria a los meses de octubre, noviembre y diciembre ha generado un gasto extra importante, en sustituciones de los miembros de los tribunales, al tiempo que no ha reducido el efecto llamada -cifrado en un 70% de opositores de otras comunidades por el propio Miguel Ángel Serna- y ha dado como resultado que únicamente el 32% de los aprobados sean de las listas de interinos de Cantabria).

Otros gastos que permanecen inalterados, son los de mantener un organigrama de altos cargos con 6 direcciones generales, subvencionar colegios de élite, de la misma congregación a la que pertenece el Sr. Serna, y que segregan al alumnado por motivo de sexo (no olvidemos que esta misma semana la Junta de Andalucía ha retirado el concierto a 12 colegios en virtud de las sentencias del Tribunal Supremo que declaran ilegales estas ayudas, idénticas sentencias de la que Serna hace caso omiso, en el caso del Torrevelo) o mantener un despilfarro de millones de euros en mantenimiento de la Plataforma Yedra y en pagos a empresas externas que se encargan de servicios que los 10 altos cargos de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte parecen incapaces de asumir.

En definitiva, es evidente que para Miguel Ángel Serna todos estos capítulos son más necesarios que la calefacción de los centros y el material indispensable para que los Colegios e Institutos funcionen. Este es el respeto que le merece la Enseñanza Pública y los interinos de Cantabria, que debido a su peregrina idea de las oposiciones de 2012, van a pasar a engrosar las listas del paro.

Cantabria, 15 de febrero de 2013

SECRETARIADO REGIONAL DEL STEC

jueves, 27 de septiembre de 2012

Mr. President





Dear Mr. President,

Ahora que está usted en los Estados Unidos de América podrá aprender muchas cosas nuevas, apreciar curiosidades que todos los que hemos visitado esas tierras de ultramar hemos tenido el gusto de apreciar y comparar, algo inevitable, la sociedad americana con la española. Costumbres, gastronomía, horarios y, bueno, qué decirle si es usted o debiera serlo un hombre de mundo, hacer todo aquello que uno hace cuando viaja, aparte de sacar fotos.


Habrá usted apreciado que en su ausencia las cosas se han puesto un poco tensas por aquí. No tiene contento a nadie, Mr. President. Están cabreados los ciudadanos, llamémosles, indignados, radicales, terroristas, como usted desee; y también están cabreados los policías. A nadie le gusta como han transcurrido los acontecimientos: a los ciudadanos que han salido estos días (y tantos otros) a la calle a expresar su cabreo les fastidian sus medidas, sus recortes, sus mentiras y, sobre todo, que se anteponga la voluntad de los mercados a la de ellos, la sociedad que forma parte del país que usted gobierna. A los policías les fastidia que los ciudadanos se les revelen en las manifas pero, lo que yo creo, entre usted y yo, es que lo que les jode es querer ponerse al otro lado y no tener huevos para hacerlo o saber que uno o dos que lo hagan pagarán caro por ello y los demás no les seguirán y, eso, Presi, es duro, muy duro.


A lo que iba yo, que me lío con detalles. Que las cosas están tensas y a mí no deja de sorprenderme aquí y allí, ahora y siempre, su actitud. Sí, su actitud. ¿Es que no va a darse nunca por aludido? ¿Es que va a seguir tomando a la gente por imbécil y va a seguir pretendiendo que nos creamos el cuento de que esta o aquella decisión la toman usted y su gobierno porque no queda otro remedio, porque la situación económica es muy penosa y todo ese rollo? ¿Piensa seguir esgrimiendo para siempre el argumento de la prima de riesgo y la deuda que les dejaron los anteriores para pertrechar macabros planes que no hacen sino acabar con las esperanzas de un pueblo muy desesperanzado ya, muy cansado ya, y muy pero que muy cabreado? Igual iba siendo hora ya de contarle la verdad a su pueblo, Mr President. Contarles que sus medidas son de corte ideológico y que su ideología usted no la tiene muy clara, como casi nada, pero la mayoría de nosotros sí la conocemos. Es usted de derechas. Ni de centro ni democristiano, ni gaitas; de derechas. Y la derecha, señor mío, normalmente suele tener la costumbre de gobernar a base de decretazo, de recortazo, por el artículo 33. Aborto, fuera, Iglesia dentro. Educación pública, fuera, educación clasista, dentro. Sanidad gratuita y universal, fuera, inmigrante…¡fuera también, que cuesta dinero! Y a llenar las arcas. Joder, es fácil, bajando los sueldos de los trabajadores públicos y eliminando las ayudas a la dependencia, a la maternidad, a la conciliación familiar y laboral o a la lucha contra el sida, el hambre y la violencia de género. A mí me salen las cuentas, President, y a usted también, por eso se fuma un purito mientras pasea por Broadway y por eso, cuando le preguntan acerca de las tensiones que se están produciendo, mientras arden las calles y el pueblo se revela. Mientras La Kirchner le saca los colores (y puede, eh, puede, porque su país, Argentina, ha juzgado y condenado a sus dictadores y, aunque solo sea por eso, yo la respeto y usted debería hacerlo igualmente). Por eso, mientras en el mundo entero habla de España y no precisamente como una marca prestigiosa y usted tiene la oportunidad de su vida para decir algo decente, coherente, mentira o verdad, no importa, algo…En ese preciso momento declara usted sus felicitaciones a la mayoría silenciosa, a la que se queda en su casa y no da la lata yo ya no sé si rendirme o revelarme ante semejante actitud. Acaba usted con mi paciencia, Mr President. La agota como nunca creí que se pudiera hacer, colma el vaso y la jarra. Mayoría silenciosa, dice, como dando por hecho que el que no estaba en las movilizaciones de Madrid es porque no está de acuerdo con ellas. Apelar a la mayoría silenciosa es un argumento viejo, oxidado, cutre y facha, es muy facha. Apelar a la mayoría silenciosa es quitarse el muerto de encima, es tomar a la sociedad por tonta y es dar por hechas cosas que usted ni se plantea que suceden alrededor de esa gente que usted dice gobernar y alabar.


Me despido ya, Señor Presidente. Que colma usted mi paciencia de maestra ya se lo he dicho, ¿no? Se lo recuerdo y, sin más motivo, me despido.

miércoles, 11 de julio de 2012

Todos somos mineros

Llevo unos días dándole vuelta a la forma de afrontar este tema pero al leer ahora mismo este artículo de Isaac Rosa en eldiario.es ya no le doy más vueltas. Lo difundo y lo suscribo.


Soy minero. Isaac Rosa.



Que en estos tiempos hipertecnologizados hayan tenido que ser los mineros los que enseñen el camino al resto de trabajadores, da que pensar. Que en la época de empresas flexibles, sociedad de la información, economía global, riqueza virtual y trabajadores desubicados y desideologizados, hayan tenido que ser los viejos mineros, con sus duras herramientas, sus manos callosas y su fuerte conciencia de colectivo, los que salgan a la luz y echen a andar para que los sigamos, debería hacernos pensar qué nos ha pasado a los trabajadores durante los últimos años, qué hemos hecho y dejado de hacer, qué nos han hecho y qué nos hemos dejado hacer.
Habrá quien diga que el protagonismo minero de estos días es pura coherencia: si la crisis y las políticas anticrisis suponen para los trabajadores un salto atrás en el tiempo, un regreso a trompicones al siglo XIX, nadie mejor que los mineros al frente de la manifestación, ellos que con tanta rotundidad encarnan aquellos tiempos iniciales del movimiento obrero. Pero no estamos ante un asunto de coherencia histórica, sino mucho más.
Las emocionantes escenas vividas en cada pueblo por donde han pasado los mineros en su marcha hacia Madrid, la acogida, las palabras de ánimo, las ayudas recibidas, la solidaridad extendida por todo el país, en las calles y en las redes sociales, y finalmente el recibimiento en la capital y el acompañamiento en su protesta por tantos trabajadores, deberían ser un revulsivo, marcar un punto de inflexión en la construcción de resistencias colectivas. Los mineros han roto algo, han despertado algo que dormía en nosotros, nos han empujado.
Sé que hay un componente no pequeño de simpatía que escapa a las razones de su protesta. Hay algo de justicia histórica, de memoria, de sentimentalidad obrera si quieren, en el cariño que los mineros reciben estos días, y digo cariño con intención, porque en ocasiones se trata de cariño más que de comprensión de sus reivindicaciones. La figura del minero, con su casco, su lámpara y su rostro ennegrecido está fuertemente arraigado en el imaginario de la clase trabajadora desde hace siglos, y por eso con los mineros no funciona el habitual discurso de los “privilegiados” con que algunos intentan anularlos desde la derecha mediática (por eso, y porque la minería representa desde siempre lo más duro y peligroso del mundo del trabajo, y su fatiga, lesiones, enfermedades y accidentes no casan bien con ningún privilegio). Por todo ello, por su condición popular de héroes de la clase obrera (demostrada, por otra parte, en tantos episodios de lucha en efecto heroica a través de siglos), parece natural que los mineros encuentren todo ese calor a su paso por los pueblos. No creo que una marcha a pie de, pongamos, camareros, albañiles, periodistas o funcionarios, lograse tanto apoyo, tanto cariño, tantos recibimientos, homenajes y adhesiones, por justas que fuesen sus reivindicaciones.
Pero más allá de ese componente emocional, importa el momento en que se ha producido esta salida de los pozos. En un momento de terror económico como este, cuando los trabajadores nos sentimos acorralados, desesperanzados, y nuestra resistencia se limita a adivinar por dónde vendrá el siguiente golpe, la aparición en escena de los mineros puede ser la lucecilla al final del túnel (el túnel en que andamos perdidos los trabajadores, no el tópico túnel de la salida de la crisis donde la única luz que se ve es la del tren que viene de frente), la señal que estábamos esperando. Los mineros nos están dando una lección que no deberíamos dejar pasar, y que va más allá de sus reivindicaciones por justas que puedan ser.
Y lo son. Los mineros tienen razón en su lucha, y no voy ahora a extenderme en por qué tienen razón. La tienen por todos los motivos que ya habrán oído y leído estos días, pero incluso si no tuviesen esos motivos, seguirían teniendo la razón de su lado, por una elemental cuestión de justicia histórica. Se lo debemos, a ellos y a las generaciones de mineros que les anteceden, y eso basta para que estemos obligados a respetar su medio de vida y sus territorios, ofrecerles salidas dignas y no escatimarles un dinero que es calderilla comparado con los rescates financieros. Pero insisto: lo que hoy me interesa no es tanto su lucha particular (que apoyo), sino esa lección de dignidad, solidaridad y resistencia que nos dan al resto de trabajadores. Todos nos hemos sentido interpelados estos días por la lucha de los mineros, en dos direcciones: porque en su reivindicación de un futuro digno cabemos todos los que igualmente carecemos de ese futuro; y porque la contundencia de su lucha hace más evidente nuestra pobre reacción ante los ataques sufridos.
En cuanto a lo primero, la reivindicación de los mineros es extensible a todos nosotros. En los mineros vemos nuestro pasado, nuestra conciencia de clase que en algún momento perdimos o nos arrebataron, las posibilidades de lucha colectiva que hoy no encontramos. Pero sobre todo, vemos en ellos nuestro futuro: en su grito para no ser abandonados, para no desaparecer, para no ver arrasados sus pueblos y comarcas por el paro y la inactividad, asoma un resquicio del futuro que nos espera a todos, convertidos todos en trabajadores abandonados a nuestra suerte, abocados a un largo tiempo de escasez, de miseria; a merced de un viento que no deja nada en pie; con millones de empleos en extinción, y toda España convertida en una gran comarca minera amenazada por la desolación y la falta de salidas.
En cuanto a lo segundo, la dureza clásica con que resisten los mineros, la violencia con que responden a la violencia, hace que debamos buscar otra palabra para denominar lo que hacemos los demás, eso que a menudo llamamos de manera exagerada resistencia. Mientras nosotros ‘incendiamos’ las redes sociales, los mineros prenden fuego real a las barricadas en las autopistas. Mientras nosotros convocamos una huelga cada dos años, sin mucha convicción y sobre todo sin continuidad, los mineros eligen la huelga indefinida durante semanas, inflexible. Mientras nosotros escribimos posts y tuits de denuncia contra los recortes (yo el primero), ellos se encierran en los pozos, paralizan el tráfico, levantan en pie de guerra comarcas enteras, y finalmente echan a andar por la carretera. Mientras nosotros pintamos ingeniosas pancartas y componemos simpáticos pareados para gritar en manifestación, ellos se enfrentan a cuerpo con la Guardia Civil. Mientras nosotros retuiteamos y damos miles de “me gusta” para apoyar las reivindicaciones de los colectivos más castigados, ellos van pueblo por pueblo dando y recibiendo abrazos, compartiendo comidas y techo. Mientras esperamos al próximo aniversario para volver a tomar las plazas, ellos se plantan en la Puerta del Sol tras haber hecho suyas las plazas de todas aquellas localidades por las que pasaron.
La lección está clara: ante el ataque total contra los trabajadores, estos no son tiempos de hashtag, sino de barricada. Frente a la solidaridad efímera de la red social y la indignación inofensiva, son tiempos de caminar juntos, de compartir encierro o marcha, de encontrarse en las calles, de abrazarse como ya no nos abrazábamos, como estos días se abrazaban los mineros con quienes los esperaban a la entrada de cada pueblo.
Por todo ello, el gobierno no puede permitir que los mineros ganen este pulso: porque si triunfan, estarán dando un mal ejemplo para el resto de trabajadores, que podríamos tomar nota, aprender la lección, seguir su ejemplo para ser escuchados, para no ser pisoteados, para no seguir perdiendo: luchar, resistir, construir redes de solidaridad, ser firmes, llegar hasta las últimas consecuencias, tomar la calle, recuperarla. Por eso la durísima represión policial contra los mineros y su criminalización mediática.
Por las mismas razones los trabajadores necesitamos que los mineros ganen este pulso: porque su victoria despeja el camino para nosotros, y en cambio su derrota nos haría más difícil levantar la resistencia. Por eso hoy todos somos mineros, y tenemos que estar con ellos. Por justicia, por historia, por memoria, porque lo merecen. Pero también por nosotros, porque si ellos temen por su futuro, el nuestro es más que negro, negro carbón.

jueves, 7 de junio de 2012

El drama de La Pereda

Manuela tiene unos 75 años y vive en la residencia de La Pereda (Santander) desde hace varios años. Es viuda y por un problema con el piso donde vivía, tuvo que abandonarlo. Pidió plaza en este centro donde, pagando un porcentaje alto de su pensión, reside y hace su vida. Se relaciona a la perfección con el personal del centro y con sus compañeros y compañeras. Acude a clases de informática para estar al día y ha acondicionado su vida a este lugar al que, hoy por hoy, pertenece. El CAD La Pereda cierra sus puertas y deja a Manuela y a decenas de personas más en la  calle o, al menos, es así como ellos se sienten. El Gobierno de Cantabria, que se caracteriza básicamente por lamerle el culo al gobierno central y poco más, lo cierra y redistribuye a los residentes por varios centros de la Comunidad de Cantabria. Y he ahí el drama del que, hasta que no lo escuchas de la boca de uno de ellos, no te haces realmente consciente. Manuela paga por una habitación individual con baño propio y se muda, obligada, a una habitación compartida con baño para cuatro. No lo entiende. El centro de La Pereda no está acondicionado según la normativa para cierto tipo de dependencias. De acuerdo, pues adáptenlo, señores. No. Lo echamos abajo y veremos a ver lo que hacemos con el solar que, a la sazón, está en El Sardinero, a escasos doscientos metros de sus hermosas playas (si se me permite la subjetiva apreciación) y rodeado de carísimos edificios de viviendas ajardinadas, con piscina y pista de tenis-pádel. Manuela está triste y también Ángel, al que destinan a Laredo. Es santanderino y Laredo se encuentra a unos cincuenta kilómetros de Santander. Su familia y amistades están en la capital y normalmente, las personas como Ángel no disponen de vehículo propio puesto que se trasladan fácilmente utilizando el transporte público. 


Ya sé que no es una tragedia, que hay cosas terribles pasando. Filo y Tere no andan mal económicamente pero eligieron vivir en una residencia porque no querían ser una carga para sus hijos ni plantearse envejecer con las dificultades de vivir solas en sus casas que, todos sabemos se vuelven trampas mortales con los años. No es una situación límite porque te reubican pero yo me pregunto ¿qué hay de la dignidad y del respeto? ¿qué hay de la libertad de elegir vivir, insisto, pagándolo, en un centro que se adaptaba perfectamente a tus circunstancias e intereses? Por no hablar del personal laboral. Del total de los trabajadores del centro, entre 40 y 50 personas son personal de este tipo y, en principio, se van a la calle. A los funcionarios, unos 40,  los trasladan con el consiguiente despido de parte del personal laboral de los centros que los absorben. Está claro que la consecuencia del cierre, en este ámbito concreto, es el despido en cadena de un número elevado de trabajadores en tiempos en los que, se supone, hemos de fomentar la creación de empleo. 


Desde aquí aconsejamos no acalorarse demasiado a los afectados, y dejar todo el marrón en manos de la Virgen del Rocío que, según la Ministra de Desempleo Fátima Bañez, nos da trabajo, alegría, esperanza y...¡ la vida si hace falta!